lunes, 27 de septiembre de 2021

Carta de despedida

Abrí los ojos y te vi junto a mí. Estabas despertándote. Te di un beso. El mundo volvía a empezar. Puse la radio y una orquesta nos tocó nuestra canción favorita desde el salón.

Desayunamos besos mojados en café y tostadas untadas de caricias mientras el sol de primavera comenzaba a bailar en la ventana. Otro beso y nos cubrimos de amor para evitar la tristeza.

Mientras nos vestimos una nueva canción llena la casa y te saco a bailar en el salón del palacio imperial de nuestro amor.

El pequeño salón se queda solo añorándonos mientras salimos a la calle. Una vez en la gran ciudad el viento revolotea entre los mechones de tu pelo mientras compito con el Sol de la mañana por acariciar tu piel. Un beso nos sirve de vacuna para el largo día y nos separamos.

Te veo por el retrovisor doblar la esquina y tu falda se despide de mí. La pequeña y vacía ciudad vuelve a la normalidad. El viento cesa sin tener nada bello que abrazar y el Sol decide esperarte escondido tras una nube gris que pronostica el día.

Yo me agarró al sabor de tus labios y empiezo mi rutina diaria en un mundo monótono.


Pero a la vuelta apareces tú, sonriéndome. El Sol sale de su escondrijo y mi cara se ilumina con tu luz. El beso me sirve para recuerdo de la vacuna y evita que la rutina me infecte.

Subes cantarina por la escalera y tu falda me vuelve a saludar alegremente y, como una estrella fugaz, me guía hasta el paraíso.


Yo hago la comida mientras tú pones la mesa. La orquesta toca una nueva canción romántica y tú tomas el papel de solista angelical. La pasta envuelta en amor y con salsa de tus labios nos lleva al salón donde me libras del paseo perruno con un beso.

El hada de la vida nos ilumina una última vez cuando sales con nuestra fiera mascota, siempre tranquila, siempre alegre. Yo me quedo a soñar contigo y poco a poco esperar que todo sea real.

La luz se va sin despedirse y la noche descarada cae sin avisar.

Un sonido nefasto me devuelve a la realidad. Aún no has vuelto. Descuelgo al mensajero que segundos después se estrella contra el suelo. Corro a buscarte. Corro a besarte. Corro por mi vida y antes del coche una mancha roja arrastrada por el agua parte mi corazón.

La voz del mensajero se personifica en el doctor cuya blanca silueta trata de sujetar a mi cuerpo de muerte herido.


Mi cuerpo se rompe.

Mi alma desplomada escribe unas últimas palabras.

Un poema de amor para el viaje.

Un recuerdo para el corazón roto.

Un epitafio para la vida.

Un adiós para el Sol.



PD: Tras mucho tiempo he vuelto a leer esta carta y cuando la lágrima salada tocó mis labios comprendí que lo que se ama siempre palpita en nosotros y me fundí en la magia de la vida.

lunes, 20 de septiembre de 2021

El progreso científico

 Repítelo de nuevo —pidió Chase a su compañera.

El presidente vendrá dentro de dos semanas —repitió Phebe con una sonrisa.

Aún no me lo creo.

Chase figuraba como líder del proyecto, pero ambos estaban a la cabeza. Llevaban muchos años y por fin estaban logrando grandes avances en la levitación gravitatoria.

Tenemos que tener listo el prototipo —dijo Phebe.

Dos semanas, dos semanas, dos semanas… Eso es muy poco tiempo —Chase nunca había sido bueno ocultando los nervios, pero tampoco le bloqueaban.

Vamos muy avanzados, solo hay que apretar un poco.

¿Apretar? No, vamos a tener que exprimirnos, espero que no tuvieras pensado dormir estos días.

Tampoco será para tanto.

Y tanto que lo fue y no solo para ellos. El equipo constaba de veinte personas entre ingenieros, físicos y matemáticos. Chase fue quien dio con las claves de la levitación y por ello se le concedió el liderazgo del proyecto, pero a esas alturas todos eran fundamentales. El presidente llegaría para comprobar si tantos millones habían servido de algo. Si lograban la levitación gravitatoria no solo sería un hito en la ciencia de toda la galaxia, sino que también salvaría aquella pequeña nación. La guerra de la Gran Alianza contra el imperio robótico de la ODC estaba llegando a su fin y ya se preveían las guerras que vendrían después. Aquella nación humana era pequeña, con viejas rencillas con todos sus vecinos y sin nada que aportar en una negociación. Aquel proyecto podría suponer la gloria de su pueblo y Roush lo sabía perfectamente.

Destacaba más por su físico que por su mente. Era el más alto del equipo, tenía el pelo cobrizo y los ojos verdes esmeralda resguardados tras unas gafas. Siempre había sido tímido pero muy trabajador, uno de esos elementos fundamentales en un buen equipo. No sería el genio que diese con la clave, pero era más constante que ninguno. Cuando Roush oyó por casualidad la conversación entre sus jefes directos un escalofrío le recorrió la espalda, el final estaba más cerca de lo que pensaba. Tenía que prepararse y trabajar como nunca.

Faltaban solo tres días cuando se habían encontrado con el último muro, o al menos parecía ser el último obstáculo.

En tres días señores, —el tono de Chase indicaba el cansancio y la desesperación más que sus ojeras—. En tres miseros días nos llega el presidente y lo único que podemos enseñarle es un juguete infantil de corta duración.

Descansemos —dijo Roush con su suave tono de voz.

¿Qué has dicho?— preguntó Chase, creyendo que lo había malentendido

Descansemos todos, solo hoy. Dejémoslo, vayamos a nuestras casas. Nuestros cerebros están bloqueados no vamos a dar con la clave en este estado.

Creo que tiene razón —dijo Phebe.

Para nada, estáis locos ¿a tres días vamos a irnos de vacaciones? —Chase no podía creer que su compañera opinara igual.

Llevo semana y media sin salir de este edificio, o salgo por la puerta o salto por la ventana —sentenció la propia Phebe.

Está bien, quien quiera que descanse, tenéis el día libre. Mañana os quiero a todos frescos y descansados.

El grupo, agotado, se levantó al unísono con un coro de cansados quejidos.

¿Te llevo a casa, Chase? —pregunto Phebe

Yo me quedo.

Nos vamos a ir todos.

Me da igual. Soy el capitán, yo no puedo abandonar el barco.

No lo estamos abandonando. —Llámalo como quieras.

A veces eres agotador —suspiró—. Hasta mañana, Chase.

El hombre no respondió, siguió mirando la pantalla de su ordenador intentando dar la vuelta a unas fórmulas que había visto miles de veces.

Roush llegó a su apartamento agotado y se duchó, tratando de recuperarse del inmenso esfuerzo que aquel trabajo le estaba suponiendo. Estuvo tentado a relajarse del todo, pero no podía arriesgarse a que todo se fuera al traste. Solo quedaban tres días, nada más.


Te lo debemos todo a ti, Roush —dijo Chase rodeándole los hombros con el brazo.

No es para tanto, apenas he aportado al proyecto.

No seas modesto el testeo es necesario y fue tuya la idea del descanso.

Bueno, yo estaba muy cansado también —dijo Roush escondiendo la cabeza.

Pero has salvado el proyecto —dijo Phebe—. Creo que mi esposa aún está asustada de como me levanté en mitad de la noche y empece a escribir.

De eso sí que no quiero tener la culpa.

Pues también la tienes —respondió entre risas Phebe.

Callaos por favor —pidió Chase recuperando su seriedad característica.

El vehículo era de buen tamaño y le habían puesto una importante carga. Primero se encendió el motor y aquel zumbido eléctrico llenó el silencio. Todos contuvieron el aliento. Era la prueba final. Aún faltaría meses de testeo para descubrir y arreglar todos los fallos, pero si aquello salía bien habían logrado el hito de sus vidas. El vehículo comenzó a temblar ligeramente, poco a poco se elevó, se separó del suelo, hasta estabilizarse a un palmo del mismo.

Vamos allá —dijo Chase mandando las órdenes desde su pad.

El vehículo avanzó, poco a poco, pero sin temblar y sin volver a tocar el suelo. Comenzó a ganar velocidad y llegó a la primera curva del circuito de pruebas. La superó con suavidad. Aún contenían el aliento, querían ver si completaba la otra parte. El vehículo aceleró en la recta sin perder distancia con el suelo, sin estrellarse contra el mismo ni salir despedido por los aires. Algunos ya comenzaban a gritar y las lágrimas llenaban los ojos. Cuando el líder le dio al botón de frenar y el coche se detuvo mientras seguía levitando toda aquella energía contenida explotó.

Hubo abrazos, besos, llantos, gritos de júbilo. Lo habían logrado, todos lo habían logrado y hasta Roush se contagió de aquella emoción.

Mañana viene el presidente —sentenció Chase— y tenemos algo que enseñarle.

Pero viene tarde, hay que celebrarlo —dijo Roush.

¿Quieres irte de juerga el día antes de que presentemos la levitación al presidente? —respondió Chase arqueando una ceja.

Solo una copa, nada más.

Fueron a un bar de la ciudad más cercana. Aquellas instalaciones estaban alejadas de la población. La prometida copa se convirtió en varias rondas. Los meses o años de esfuerzo y tensión salían a la luz y todos celebraban, se abrazaban, cantaban. Poco a poco se fueron retirando, el día siguiente era el más importante de sus vidas. Por suerte habían empezado con la fiesta pronto así que cuando llegó la noche no quedaban muchos.

Señores, yo me retiró. Como mañana no me presente Chase me mata —dijo Phebe tras pagar su parte.

Ya solo quedaban cuatro, eran Roush y sus tres compañeros más cercanos. Uno de ellos tenía un perfil similar a él, pero los otros eran los más jóvenes, recién salidos de la universidad con mucho talento y aún más ambición. Roush había reforzado los lazos con ellos en último mes y medio. Mucho más de lo que antes había hecho con su apocado carácter. Para ellos la celebración se alargó unas horas más y fue Roush, tras llevar él mismo la última ronda, quien dio el toque de retirada.

A la mañana siguiente prácticamente todo el equipo estaba en su puesto. Recibieron, con la cabeza bien alta y llenos de orgullo, las felicitaciones del presidente y de sus ministros. Los pocos miembros que no habían acudido fueron justificados, aunque todos sabían que eran los cuatro que más habían trasnochado el día anterior, les caería una reprimenda llegado el momento. Chase volvió a activar el vehículo, como había hecho el día anterior y previamente esa misma mañana. El presidente se asombró con solo ver la levitación estática. En cuanto pasó la curva con éxito el hombre ya parecía un niño pequeño con juguete nuevo. El vehículo comenzó a acelerar en la recta. Llegaba el momento decisivo y el líder del proyecto más importante para aquella nación sonrió lleno de satisfacción.

En cuanto Chase dio la orden de frenar todo el edificio se convirtió en una gran bola de fuego.


Un hombre de pelo cobrizo, con ojos verdes, gafas y muy alto entraba en el camarote de una gran nave de transporte. “En aquel momento estaría ocurriendo”, pensó. Todas aquellas personas que había conocido en el último mes y medio ya no existirían y el fruto de todos los años de trabajo de aquel equipo había volado por los aires. Comenzó a volcar los archivos de la levitación gravitatoria en su pad personal asegurando una segunda copia de seguridad. Ya no quedaban más copias de aquel proyecto.

Loven Baelcraft había sido contratado por el gobierno de Ranor, la mayor nación humana, para robar aquella tecnología y causar el mayor daño posible. Ni en sus mejores planes había pensado en atentar contra el equipo de gobierno. Aquella pequeña nación tenía los días contados. Toda la galaxia sabía que el fin de la guerra contra los robots solo era la antesala de muchas otras, aquel pequeño pueblo no tenía fuertes aliados y nada con lo que negociar.

Había sido un absoluto éxito de misión y su cuenta bancaria lo vería reflejado, aunque le importaba más la reputación que le generaría. Pero Loven era incapaz de sonreír, no pudo evitar pensar en Pat, Clir y Rash, aquellos que le habían acogido tan bien, les había drogado en la última ronda para que no acudiesen el siguiente día a trabajar. Pensaba también en Roush, cuyo papel había interpretado, fueron meses de investigación antes de elegir a quien suplantar. Debía ser alguien del equipo que investigaba la levitación, pero Loven carecía de los conocimientos para ello, en cuanto analizó a Roush se dio cuenta de que era ideal. Tenía notas y apuntes de como realizaba todas las operaciones y su trabajo básico era de testeo, además era alguien reservado y con apenas relaciones sociales, incluso vivía lejos de su familia. Lo había suplantado en el último mes y medio de proyecto. El apocado científico era el cabo suelto más importante de su plan así que fue la primera víctima y sus restos carbonizados aparecerían junto con los del resto de la explosión.

Loven suspiró y se estiró en la cama de su compartimento. Por fin había terminado y podía descansar del todo. Era como relajar un músculo que llevaba tanto tiempo en tensión que estaba entumecido. Poco a poco el pelo cobrizo comenzó a blanquearse, los ojos empezaron a volverse azules y el hombre se quitó las gafas, milímetro a milímetro la estatura descendía y la piel se tornaba del color del hueso. En cuanto la transformación se terminase Roush nunca volvería a existir y Loven Baelcraft llegaría a su hogar demostrando a su gobierno ser el mejor hombre que podían contratar para cualquier problema.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

El mundo de las brujas

 

            Y así en el ocaso y anochecer del mundo, en que florece el pecado por todos lados y en todas partes, 

en que la caridad se enfría,

sobreabundan las obras de los brujos y sus iniquidades.


La mayor herejía es no creer en la obra de las brujas.

-Heinrich Kramer, Malleus Maleficarum-

 

Desde el origen de los tiempos se temió a lo desconocido a las sombras y a la oscuridad. Es un miedo primario, necesario para la supervivencia. Con el tiempo los hombres y mujeres dieron explicación a estos miedos e igual que los fenómenos naturales estaban atados a la voluntad de algún ser divino, los horrores lo estarían a las fuerzas de la oscuridad. Así nacían las religiones mostrando cual era el camino de la luz y cual el de las sombras, el bien y el mal, el orden y el caos, creación y destrucción, dios y diablo. Si te alejabas del camino recto, del sendero que el creador había puesto para ti estabas siendo atraído por los demonios, seres oscuros procedentes de las profundidades del mundo que buscan crear el caos y corromper a los mortales. Eras un pecador y si no te arrepentías y no suplicabas el perdón divino no solo arderías en el infierno, sino que sufrirías la ira de los enviados del señor.

Nada de aquello era real, por supuesto. No existían aquellos entes que manejaban la naturaleza y no había ningún ser oscuro que te susurrase al oído que hacer o que decir. Era solo un ejercicio de control de población, de unificación de sociedad, de perseguir al diferente, al que podía suponer un problema para el poder. Así nació la caza de brujas. Se persiguieron y asesinaron a mujeres, hombres y niños, solamente por no seguir los dictados de un dogma. Se les acusó durante siglos de copular con demonios, de invocarlos con sus artes oscuras.

Todo aquello era falso, claro que lo era… o al menos así fue durante muchos siglos.

Un grupo de personas que adoraban a Dios sin seguir el dogma de Roma se percataron de que eran el principal objetivo. Decidieron replegarse a una fortaleza en las montañas y planear una defensa. Los hombres se armaron tanto como pudieron, las mujeres decidieron buscar la solución en el conocimiento. Por supuesto no eran brujas, ni brujos, tales ideas solo existían en el discurso de inquisitorial. Pero quizás la solución era darles la razón a sus perseguidores.

Así fue como ocurrió la conocida como Batalla de Gryon. Rodeadas de libros y pergaminos, vetustos ya en el siglo XV, las mujeres buscaban la manera de librarse de aquella persecución. Los hombres juraron concederles el tiempo que necesitasen. Las tropas inquisidoras llegaron a las puertas de la fortaleza, que cayeron a la vez que se ponía el sol. Fue en aquel momento, como una prueba del poder de las sombras, en que una mujer de nombre Katherina leyó en voz alta un pequeño poema en una versión distorsionada y olvidada de latín. Sus ojos se tornaron rojos, la habitación comenzó a temblar y un aro de fuego apareció frente a ella. Del portal salió un único ser, los cuernos rozaban el techo de la estancia, su cuerpo era un amasijo de músculos más negros que el azabache y en cada mano empuñaba una espada flamígera. No tenía ropa ni tampoco se podía decir que estuviera desnudo pues tal era la oscuridad de su carne que apenas dejaba ver relieve alguno. El ser miró con unos ojos rojizos a la joven y ella, con una palabra en un idioma que por primera vez era pronunciado sobre la tierra, le dio una orden.

Cuando el sol se alzó la mañana siguiente toda la fortaleza era una prueba del inmenso poder que acababan de descubrir. El demonio llevaba en brazos a quien le había invocado quien apenas tenía fuerzas para tenerse en pie. Descendieron las escaleras del torreón sin encontrarse con nada reseñable. Pero cuando llegaron al patio la escena era muy distinta. Los hombres y mujeres supervivientes estaban recogiendo los cadáveres. Todo el patio estaba bañado de sangre, con cadáveres despedazados extendidos por todo el lugar. El demonio no se detuvo a contemplar su obra pues su invocadora le había pedido que la llevase afuera. Ahí estaban los restos ya recogidos y a su lado el único superviviente, un joven que no mostraba herida alguna. El demonio dejó suavemente a la mujer en el suelo que haciendo uso de toda la fuerza que le quedaba se irguió firme frente al tembloroso hombre.

Has de ir a ver a tu señor y advertirle de lo que aquí ha ocurrido —dijo con el tono más amenazante que pudo—. Mucho habéis acosado a nuestra comunidad. Si se vuelve a ejecutar o torturar a cualquier practicante de brujería la ira de los siete infiernos caerá sobre los hombres.

El joven se fue lo más rápido que pudo. La mujer se rindió al agotamiento y se desplomó en el suelo. En cuanto la consciencia la abandonó el demonio comenzó a desvanecerse, como si solo estuviera hecho de humo.

Durante mucho tiempo y en distintas culturas se habían perseguido las artes oscuras sin que estas existiesen. Un grupo de mujeres y hombres decidió remediar aquello y como no tenían fuerza para defenderse optaron por darles la razón a quienes les perseguían. Nunca había existido en el mundo nada sobrenatural. No hay ningún resto arqueológico que sugiera la existencia de demonios antes de aquella batalla. Los demonios fueron creados entonces, no todas las clases, pero sí como idea real y material. Puede que el mismo infierno, que es su hogar, también se crease entonces, igual se creó el idioma satánico que se usa para invocar y controlarlos. Hubo intentos de emular aquello en el otro sentido, pero ningún ángel apareció.

Han pasado cinco siglos desde aquella batalla, que solo fue la primera. Las enseñanzas oscuras se repartieron por el mundo y se usaron para todo tipo de fines. Muchas especies de demonios fueron surgiendo, definiéndose y muchos actos se cometieron gracias ellos. Las guerras y los conflictos cambiaron. Ya no luchaban humanos, al menos no directamente.

Mucho se han estudiado estos seres sobrenaturales, espirituales. No son sólidos salvo que el motivo de su existencia lo requiera. La duración de su vida está atada a la consciencia de su invocador por lo que ninguno está demasiado tiempo en este mundo. Nunca se les ha oído pronunciar palabra alguna, ni siquiera en el idioma con el que se les invoca y su voluntad está totalmente ligada a la del brujo.

Los demonios son parte fundamental de nuestra sociedad. Para cualquier menester que necesites, invocas un pequeño demonio que lo hará encantado. Para construir, para reparar, para conducir, para cientos y miles de oficios los demonios están ahí. La sociedad está completamente sustentada en su existencia, su efectividad y su nula voluntad. Hay sectores que braman por hacer un cambio en la sociedad. La tecnología ha evolucionado paralelamente pudiendo hacer, en muchos casos, lo mismo que cualquier demonio. Los defensores de este cambio afirman que es lo más justo y ético, que no se puede depender de otros seres vivos de una manera tal cruel. Pero son pocos o al menos lo eran.

El primer ataque ocurrió en el dos mil dieciocho y nadie le dio importancia. Mucha gente comete errores al invocar a un demonio, pero ese no había sido el caso. A lo largo de los siguientes meses los ataques se iban repitiendo y hubo gente que empezó a alertar de que no eran meros errores de la brujería. A primeros de dos mil veinte todo se desató por completo.

El mundo creado tras la segunda gran guerra había sido pacífico, ilustrado, próspero y frágil. Sustentado sobre los hombros de criaturas que se debatía si considerarlas vivas. Criaturas nacidas de la necesidad humana y que no eran más que nuestra voluntad encarnada. Los perfectos esclavos que usar indiscriminadamente. Y entonces descubrimos que los demonios tenían otras ideas, otros pensamientos y sobre todo otros tiempos. Aquel primer demonio guerrero que se manifestó para salvar las brujas sigue siendo invocado a día de hoy. Hemos tardado mucho en aprender que para ellos solo ha pasado un tercio de sus vidas cuando nosotros llevamos cientos de generaciones. Puede que las primeras veces que te pidan ayuda los prestes de buena gana, pero tras miles y miles de ocasiones uno se cansa y estalla.

La invocación es un ritual que fuerza al demonio, quiera o no, a manifestarse en nuestro mundo, ata su voluntad a la de la bruja, pero hay un instante, unas fracciones en las que su mente aún está en la libertad de su origen. Los demonios comenzaron a entrar en nuestro mundo atacando a quien les invocaba, aprovechando que los portales aparecen siempre a cincuenta centímetros del invocador. Al morir el brujo el demonio desaparecía, regresaba a su plano hasta que de nuevo lo invocase algún pobre incauto.

Escribo esto mientras mi conciencia aún aguanta. Estamos a treinta y uno de agosto de dos mil veinte uno y el mundo se ha venido abajo. Desde hace más de un año se ha instado a la población a no usar demonios salvo que fuera necesario y siempre bajo una protección especial, invocando en grupo para reforzar el lazo. Los gobiernos se endeudaron al invertir en tecnología no demoniaca y el mundo se paralizó por completo. Pero siempre hay negacionistas de la realidad y gente que piensa que nunca les va a ocurrir a ellos con lo que el número de muertes nunca dejó de aumentar. Y luego están los insensatos como yo que creen que pueden parlamentar con un demonio.

Es pequeño, de apenas treinta centímetros, su figura es negra como una noche sin luna ni estrellas. Tiene unas orejas puntiagudas y unos pequeños cuernos entre ambas. Sus extremidades son delgadas como palillos y terminan en afiladas garras. Muy afiladas. Me estoy desangrando y lo más gracioso es que no soy yo quien escribe lo que ahora lees sino el propio demonio quien, atado a mi voluntad, teclea en el ordenador lo que le dicto.

Me equivoqué al invocarlo solo, creí que siendo un demonio de tan bajo nivel no tendría dificultades en dominarlo. Pero fue muy rápido, preciso, limpio y directo. Me desangro, estoy en una casa en la montaña, nadie cerca para ayudarme y los demonios de esta clase no pueden curar. Pero he tomado una decisión, volveré a abrir el portal e invocaré a otro como él. Aún tengo fuerzas para uno pequeño. Haré que el primero lo frene hasta que quede bajo mi control y le ordenaré me lleve a través del portal. Sé que no seré el primero en cruzar al inferno y sé que nadie ha vuelto jamás, pero espero mantener el lazo lo suficiente para que el demonio escriba lo que esté al otro lado.

Ya está aquí el otro demonio, de momento me ha salido todo bien. Me está arrastrando, con no demasiado cuidado, al portal. Notó calor. Mis pies ya han cruzado, al otro lado esta frío, el calor procede del portal. Huelo a azufre, quizá no se pueda respirar ahí dentro, cogeré una bocanada de aire.

Ya he cruzado, el mundo no se aleja mucho del nuestro, estoy en un campo con algo que parecen árboles. La flora es muy extraña, pero ni el cielo ni la tierra son rojos, ni hay llamas rodeándome. Como infierno deja mucho que desear. El demonio que me trajo me mira y me sonríe, soy capaz de reconocer sus rasgos, tiene la piel grisácea y ropa. Señala a mis piernas y lanzo un grito que libera el aire que estaba reteniendo. Mis piernas. No puede ser. Se están volviendo negras, tan negras como el azabache, como la noche sin luna, todo mi cuerpo lo hace. Oigo una voz en mi mente que se vuelve mi propia voz, mi propio pensamiento. El demonio, mi amo, sonríe. La herida no se ha curado, moriré aquí. Me permite terminar de escribir. Dejo esta carta para quien pueda leerla, que sepa, aunque sea levemente, la historia de mi mundo, de cómo usamos a sabios y hermosos seres como esclavos en nuestro beneficio.

sábado, 11 de septiembre de 2021

El niño y la sombra

Niño sombra

En aquellos tiempos llamaban a la isla de Aur la joya de Zaney. En su máximo esplendor el gran imperio humano había llegado a ocupar durante siglos aquella isla, siendo la más occidental de todas sus provincias y bañada por completo por el Mar de los Dioses, cuyo final, de existir, era desconocido. La isla era un lugar hermoso, de clima suave tanto en verano como en invierno, un lugar donde la fauna corría en abundancia y la tierra era fértil. Las frecuentes lluvias rara vez era intensas y mantenían con buen caudal las fuentes y ríos que bajaban de la ladera de la gran montaña que era el corazón de la isla.

En todas partes del imperio había amenazas, en el sur los humanos se aliaron con la Unión Izaler para hacer frente a los demonios negros de la Tenaza. En la provincia de Orcyr, la más cercana a la isla de Aur, los salvajes de las montañas atacaban sin cesar desde sus cuevas. Lejos, muy lejos, al oriente eran los propios pueblos humanos los que querían separarse de la corona gemela de los emperadores. Pero allí en la bella y paradisíaca isla de Aur el peligro era aún mayor y más difícil de combatir. Cada cierto tiempo las Sombras atacaban. Seres negros, formados de pura oscuridad que asesinaban a personas sin piedad alguna, tanto daba que fuesen nobles o plebeyos, ricos o pobres, hombres o mujeres, ancianos o niños. Cuando una Sombra aparecía alguien moría. Rehuían la luz, así que en las noches oscuras ardían fuegos y hogueras en todo pueblo o ciudad y las familias intentaban iluminar todos los rincones. Pero aquello era inútil, si una Sombra tenía un objetivo no había fuego que la espantase.

  Nada de aquello ocupaba la mente del niño que araba la tierra con su padre. Se llamaba Nithel pues se había extendido la costumbre de poner nombres extranjeros pensando así que las sombras no los atacarían. Los ausentes hermanos del muchacho eran prueba de que solo se trataba de una falsa creencia. La familia eran solo los padres y el niño. Ya no quedaban nadie más. Las fiebres del invierno se habían llevado a un niño de pecho y a su abuelo, las guerras del imperio se habían llevado muy lejos a los hermanos mayores y las Sombras habían acabado con el resto. Pero era el comienzo del verano, el sol brillaba en lo alto, el calor aún no era intenso, había mucho que trabajar y las Sombras habían atacado recientemente así que tardarían en volver.

Nithel era un niño apocado, tranquilo y callado incluso en su casa. Pasaba horas garabateando con un palo en la tierra, o rallando con piedras los muros. Había robado unos papeles y tinta hacía tiempo y aquello era su mayor tesoro. Sus padres le dejaban, aunque no entendían nada de aquellos símbolos, era su único hijo y aquello le distraía.

Fue aquel día de verano cuando todo llegó a su fin. Una voz le habló, venía de su mente, aunque no era suya. Era grave, suave y educada. La había oído otras veces así que hizo caso a lo que le pidió y fue corriendo a su casa, en busca de su tesoro.

Como si siempre hubiera estado allí bajo la copa de un viejo roble se materializó una capa de cuero negra. La más ancha que alguien podría imaginar y rellena únicamente por oscuridad. Comenzó a avanzar como si flotase hacia el hombre que aún no se había percatado de su reciente existencia. De la oscuridad surgió una espada plateada y el hombre no llegó a emitir sonido alguno. La madre corrió a ayudarle, pero la recibió la misma espada que había acabado con su amor.

Cuando Nithel salió de nuevo de su casa se encontró con la Sombra frente a él.

¿Has cogido lo que te pedí? —dijo la Sombra con una voz que parecía un chirrido encerrado en un susurro.

Tú no me pediste nada —respondió el niño.

<<¿Me reconoces si te hablo así?>>, preguntó la voz grave y amable de su cabeza.

¿Esa voz siempre has sido tú?

Siempre que la has oído —respondió con su desagradable chirrido—. Quería estar seguro antes de venir a buscarte.

¿A buscarme?

Vendrás conmigo al reino de las Sombras.

No puedo dejar a mis padres.

Aquí ya no tienes nada, me he asegurado de ello —dijo la Sombra apartándose para que el niño pudiera ver los cuerpos sin vida de sus padres. El joven no gesticuló, no gritó, no lloró.

Los has…

Matado, sí, bueno en verdad no. Podrás volver a verlos.

¿Cómo? —preguntó el niño en un susurro, pero no dejo que la Sombra respondiese—.
Vosotros no matáis, cuando atacáis a alguien en verdad lo convertís en una Sombra.

Un joven inteligente, era lo que me esperaba. Entonces entiendo que eso que llevas en la mano… 

El niño se había olvidado, pero entre sus brazos estaba aquel puñado de papeles que había robado, con símbolos pintados llenando todos los rincones.

Es mi libro de símbolos. Son palabras, solo yo las puedo leer y soy yo quien las escribe. Cuando las digo pasan cosas —Nithel recitó una frase y una llama comenzó a devorar los cuerpos de sus padres—. El fuego no se extenderá solo quemará lo que le dije que quemase.

Excelente… Es por eso que vine a buscarte, muchacho. Los antiguos llamaban a esas frases hechizos, sokiizel en la lengua más antigua de todas, todas aquellas palabras desaparecieron hace mucho tiempo. Pero por fin ha nacido alguien capaz de volver a domesticar la magia y a escribir en su arcana lengua. Y es por eso que quiero que vengas conmigo, veas mi reino y muchos otros. Quiero que seas poderoso y que compartas ese poder con tus aliados.

Necesito mucho poder —respondió el niño— estoy preparando una frase, un hechizo, que acabe con los demonios de la Tenaza. Por sus guerras se llevaron a mis hermanos.

Entonces decidido, vendrás conmigo, ¿cómo te llamas?

Nithel.

Detesto los nombres izaler.

Te acostumbrarás, Sdorolam.

¿Qué has dicho?

Así es como te llamas, eres el rey de las Sombras, Sdorolam, aquel que mora en la oscuridad.

Hace mucho tiempo que nadie pronunciaba mi nombre, nadie lo conoce, es de la lengua antigua.

La misma con la que hago mis frases, Sdorolam. También puedo decirte como morirás. —La sombra tembló bajo su capa durante un instante—. No eres inmortal, solo trece seres en toda la creación serán inmortales. Tú vivirás mucho, pero como la inmensa mayoría, morirás —dijo el niño sin mirar a la sombra mientras buscaba entre sus hojas. En cuanto lo encontró recitó el hechizo con fluidez y un portal circular se formó frente a ellos, al otro lado estaba más oscuro que en una noche sin luna—. Vamos, quiero ver tu reino de oscuridad —dijo el niño cruzando al otro lado.


martes, 7 de septiembre de 2021

Pequeño punto azul

The Pale Blue Dot
Image Credit: Voyager Project, NASA, JPL-Caltech


 Grabación activada.

Gracias, puedes desconectarte.

Desactivando control oral. Para nuevas ordenes usar el ordenador. Tenga usted buenos días.

Ni serán buenos, ni serán días.

No hay ni una mínima opción de sobrevivir. Si no me mata la colisión lo hará la falta de oxígeno. Ya empiezo a notar el aire viciado.

Salimos de la Tierra hace unas pocas horas. Allí solo dejamos muerte y destrucción, nadie podrá vivir en ella. Nos fuimos en busca de un nuevo hogar del que alimentarnos. Todos los gobiernos colaboraron para salvar a la especie. Pero no esperábamos la respuesta del universo.

Aparecieron de la nada y sabían perfectamente dónde disparar.

Toda la nave está inhabilitada, solo tengo oxígeno para treinta minutos, pero según el ordenador colisionaremos con un asteroide en menos de veinte.

...

Esta es una grabación de despedida hecha por un ser humano. Da igual que sea hombre o mujer. Da igual en qué parte de la Tierra haya nacido. ¡Joder! Si ni siquiera se veía la tierra. Era todo artificial.

Qué pequeña se ve desde aquí. Un pequeño punto azul que puedo tapar con mi meñique.

Es una perspectiva interesante.

A la derecha veo los reflejos del Sol que durante milenios nos calentó el cuerpo y el alma.

Que mal lo hemos hecho.

Querría despedirme de mi familia y amigos, pero ya están muertos en sus cámaras de hibernación, o se quedaron en la Tierra esperando la muerte a la que nosotros mismos nos sentenciamos.

¿Por qué me tocaría a mi el primer turno? ¿Quién me mandaría ser piloto?

Al fin y al cabo a alguien le tocaría verlos morir. Lo bueno es que lo recordaré por poco tiempo. Los tanques de hibernación fallaron y los cuerpos inconscientes comenzaron a convulsionar hasta que no hubo movimiento algo. Ciento cincuenta mil personas muriendo en sarcófagos metálicos producen un sonido espeluznante, nada comparado con el silencio que vino después.

...

Otros tantos iban en cada una de las seis fragatas hermanas que explotaron en mis narices. Más de un millón de personas arduamente seleccionadas. La última esperanza de la humanidad.

Allí, en la Tierra, dirán que es un genocidio, que nos destruyeron de manera cruel pero en realidad es un suicidio asistido. Una protección para el futuro.

No nos merecemos que el Sol nos caliente y que el viento nos dé en la cara.

Hemos perdido el derecho a la vida.

Hemos ido en contra nuestra y de nuestro hogar.

Odio esta sala, no me puedo mover de aquí si no ya me habría ido. Estoy en este asiento viendo por la ventana del piloto como mi hogar se aleja y nosotros nos acercamos al justo final. Pero no la odio por eso. La odio por la decoración. Las banderas, los escudos. ¡IMBÉCILES! ¡LA VIDA VALE MUCHO MÁS!

Recuerdo a mi padre negando ser de ningún país, decía que él era de la humanidad, ¿pero qué es eso? Si ser humano es provocar esto, malgastar, corromper, matarnos unos a otros. Yo prefiero ser una bacteria.

Yo no soy de la humanidad. No.

...

Yo soy de la vida.

...

Se ve tan pequeña y azul.

Ya está aquí. En una ventana de la pantalla parpadea “¡Colisión Inmediata!” Será un estallido que nos devolverá a las estrellas. No nos lo merecemos.

Pero somos materia y el universo reutilizará nuestro átomos, al menos serviremos para algo.

Estás serán las últimas palabras de un ser humano, espero que ninguna raza cometa los mismos errores que nosotros.

Se ve muy pequeña desde aquí. Apenas un pequeño punto azul del tamaño de un alfiler.