viernes, 8 de octubre de 2021

Deseos

La primera vez apareció como el resto, de la nada.

Un leve resplandor de luz difuminada y tras ella una figura alta, demasiado para un humano, sus extremidades eras muy largas. Los brazos empezaban en unos hombros que apenas se separaban del cuello y el cuerpo que bajaba no se ensanchaba más. La cabeza era delgada también, alargada, extraña por la ausencia de barbilla y en vez de cabello tenía una especie de tentáculos que caían como una mata de rastas. La piel era de un gris perlado que parecía brillar. La única ropa que portaba era una especie de armadura pectoral del color del ónice.
En cuanto apareció mostró la más sincera y pura sonrisa que alguien podría mostrar, abrazó a una mujer y ambos desaparecieron como si nunca hubieran existido.

Tardó dos meses en volver a aparecer. Los científicos habían descubierto una irregularidad en el espacio-tiempo en aquel lugar así que esperaron. En aquella segunda ocasión apareció con armadura completa y una especie de rifle. Los militares que lo esperaban no pensaron mucho y dispararon. El misterioso ser murió irremediablemente y su cuerpo se deshizo en el aire como si fuese el humo de una vela.

Solamente un día después de aquello un nuevo ser volvió a aparecer. En esta ocasión fue muy lejos, en una gran ciudad. Aquella urbe había estado sufriendo durante meses el aumento de la guerra de bandas en las calles. Se había producido un vacío de poder y decenas de bandas armadas formadas por radicales sin esperanza en la sociedad había luchado por ocupar el trono. Aquel día se preparaba lo que parecía ser una guerra. Alguien había convocado a la mayoría de las bandas a un mismo lugar en pleno día. Cuando los ejércitos estaban dispuestos y crecía la tensión previa a la trifulca un grito hizo que todos mirasen al cielo. Sobre sus cabezas apareció un ser que todos catalogaron de dragón, en verdad tenía seis patas y dos pares de alas, pero la forma era alargada, de sus fauces brotaba fuego y sobre su lomo iba uno de aquellos seres extraños.

La tensión acumulada estalló y la violencia comenzó. Tanto entre los humanos como contra los extraños seres. No tardó en llegar la policía que ya se estaba movilizando. Y no mucho después llego el ejército. La ciudad se convirtió en un absoluto caos.

Un edificio antiguo comenzó a arder con muchos de los combatientes dentro. Solo podían correr hacia arriba y en la cabeza estaban tres jóvenes. Se habían visto involucrados en todo aquello sin desearlo en verdad y al final habían terminado en un edificio en llamas junto con el peor grupo posible. Ascendieron huyendo de la muerte segura a mano de enemigos o del fuego. Cuando llegaron a lo alto tuvieron que salir al tejado y allí se encontraron con el dragón y con su extraño jinete.

Habéis tardado mucho —dijo el ser con voz tranquila—. He muerto cinco veces.

Entonces los tocó y desaparecieron juntos.

Tras los sucesos de aquel día el mundo se vino abajo. Como si de una serie de fichas de dominó se tratase, la aparición de aquel ser y aquellos disturbios llevaron a cientos de conflictos entre muchos países. Aquel ser había trastocado la ciencia y la religión del mundo y de alguna manera había trastocado el alma humana.

A lo largo y ancho del globo se formaron guerrillas y grupos paramilitares que intentaron obtener poder del caos reinante por todas partes. El extraño ser siguió aparecieron de vez en cuando, pero ahora trataba de pasar inadvertido. Se manifestaba junto al alguien y se lo llevaba.
Año y medio después el ser se mostró frente a un grupo de exmilitares. Ellos se arrodillaron y el alien soltó la mayor carcajada que nadie hubiese oído nunca como si le acabasen de contar el mejor chiste del mundo. Fue una guerrilla más. No siempre aparecía el alien con ellos, pero cuando lo hacía era un ataque por sorpresa, viniendo de la nada. Su líder a lomos de su montura y su ejército cada vez mayor.

Hubo muchas historias curiosas en aquellos locos y extraños tiempos. Recuerdo la de dos hermanos jóvenes, tanto que apenas tenían recuerdos previos a las guerras. Corrían solos, cogidos de la mano para llegar a un camión de refugiados, de la poca gente que parecía seguir cuerda. Alcanzaron el vehículo, pero en menos de un kilómetro todo se volvió fuego y humo, sin embargo algún bondadoso dios protegió a los hermanos que volvieron a correr. Detrás llegaba una de aquellas guerrillas. Frente a ellos, se acercaba un tren de mercancías, iba despacio y la hermana mayor estaba seguro de poder alcanzarlo en marcha. Lo pudieron hacer sin que ninguna de las balas perdidas les alcanzase. Se subieron al vagón y se tumbaron para coger aliento. Entonces se percataron del hombre que allí estaba. La mirada que les dirigió no necesitaba explicación. Ambos niños habían visto suficiente de aquel horrible mundo como para reconocer el peligro en dos ojos sin alma. La hermana vio a su lado un arma, similar a una pistola de agua con un líquido azul eléctrico. No lo pensó, la cogió y disparo al hombre que comenzó a gritar de dolor en cuando el líquido le tocó. La niña soltó el arma, pidió perdón y junto a su hermano saltaron del tren.
En cuanto tocaron tierra el extraño ser gris perlado apareció, les sonrío y los abrazó. Mientras desaparecían la guerrilla del alienígena atacaba de nuevo.

Tardó otro año entero en hacer toda la cosecha humana que quería. El caos solo había ido en aumento y en algún momento las armas nucleares se habían lanzado. El mundo era un páramo inhabitable casi en su totalidad y apenas un puñado de humanos quedaban en su superficie. Cuando se encontraban la violencia estallaba entre ellos y cuando el último ser humano salió victorioso del último duelo gritó triunfante y acto seguido, se suicidó.

Ha pasado más de una década desde aquello, creo, el tiempo aquí pasa de otra manera. Pasado y futuro se entremezclan de manera extraña. Es difícil de explicar, solo se siente. Este mundo, este plano de existencia, esta realidad, está a nuestra merced. Se deforma según nuestras mentes. Los deseos se cumplen al instante, un solo pensamiento puede crear lo que se antoje y todas las mentes estamos conectadas. No vemos los pensamientos del otro, pero sí que lo entendemos, lo abrazamos, lo amamos. Es un lugar extraño que cambia y muta constantemente. Siempre hay buen tiempo, aunque llueva o nieve, siempre es bueno. Hay espacio para ciudades y para naturaleza. Todo surge de una especie de matriz que todos percibimos, blanca como una estrella pura. El propio mundo también muestra sus deseos sobre él y sobre nosotros.

Nuestro salvador sonríe, como siempre lo había hecho. Había sido un único ser y su fiel amigo hexápodo quien lo había hecho todo. Tras muchos viajes había rescatado a menos del cinco por ciento de la humanidad. La criba había sido complicada. En aquel mundo no podía entrar nadie que desease mal pues aquello se materializaría. La manera de hacerlo fue llevar al extremo la esencia humana y ver que emoción, que pensamiento, que se imponía en cada uno.

Aquel ser era el producto de un deseo de su propio mundo. El dragón era un deseo de nuestro salvador. Y aquel mismo plano de existencia era a su vez fruto del deseo de un ser celestial que estaba muy lejos de allí. La humanidad estaba salvada, la vida estaba salvada. El conocimiento y entendimiento mutuo era completo y todos sonreíamos como aquel ser que nos había salvado.



Lejos, muy lejos de allí un inmenso ser celestial sonreía para sus adentros. Seguiría dando vueltas al Sol como sus otros hermanos, hasta que llegase la hora de unirse a él. Dejaría que de nuevo la vida dominase su superficie, pero nunca más permitiría a la inteligencia florecer. Las dos veces que lo había hecho le habían traído mucho sufrimiento. Pero por ahora se encontraba feliz pues el único deseo que había tenido se había cumplido, sus buenos hijos estaban a salvo y felices en su mundo soñado.