miércoles, 15 de septiembre de 2021

El mundo de las brujas

 

            Y así en el ocaso y anochecer del mundo, en que florece el pecado por todos lados y en todas partes, 

en que la caridad se enfría,

sobreabundan las obras de los brujos y sus iniquidades.


La mayor herejía es no creer en la obra de las brujas.

-Heinrich Kramer, Malleus Maleficarum-

 

Desde el origen de los tiempos se temió a lo desconocido a las sombras y a la oscuridad. Es un miedo primario, necesario para la supervivencia. Con el tiempo los hombres y mujeres dieron explicación a estos miedos e igual que los fenómenos naturales estaban atados a la voluntad de algún ser divino, los horrores lo estarían a las fuerzas de la oscuridad. Así nacían las religiones mostrando cual era el camino de la luz y cual el de las sombras, el bien y el mal, el orden y el caos, creación y destrucción, dios y diablo. Si te alejabas del camino recto, del sendero que el creador había puesto para ti estabas siendo atraído por los demonios, seres oscuros procedentes de las profundidades del mundo que buscan crear el caos y corromper a los mortales. Eras un pecador y si no te arrepentías y no suplicabas el perdón divino no solo arderías en el infierno, sino que sufrirías la ira de los enviados del señor.

Nada de aquello era real, por supuesto. No existían aquellos entes que manejaban la naturaleza y no había ningún ser oscuro que te susurrase al oído que hacer o que decir. Era solo un ejercicio de control de población, de unificación de sociedad, de perseguir al diferente, al que podía suponer un problema para el poder. Así nació la caza de brujas. Se persiguieron y asesinaron a mujeres, hombres y niños, solamente por no seguir los dictados de un dogma. Se les acusó durante siglos de copular con demonios, de invocarlos con sus artes oscuras.

Todo aquello era falso, claro que lo era… o al menos así fue durante muchos siglos.

Un grupo de personas que adoraban a Dios sin seguir el dogma de Roma se percataron de que eran el principal objetivo. Decidieron replegarse a una fortaleza en las montañas y planear una defensa. Los hombres se armaron tanto como pudieron, las mujeres decidieron buscar la solución en el conocimiento. Por supuesto no eran brujas, ni brujos, tales ideas solo existían en el discurso de inquisitorial. Pero quizás la solución era darles la razón a sus perseguidores.

Así fue como ocurrió la conocida como Batalla de Gryon. Rodeadas de libros y pergaminos, vetustos ya en el siglo XV, las mujeres buscaban la manera de librarse de aquella persecución. Los hombres juraron concederles el tiempo que necesitasen. Las tropas inquisidoras llegaron a las puertas de la fortaleza, que cayeron a la vez que se ponía el sol. Fue en aquel momento, como una prueba del poder de las sombras, en que una mujer de nombre Katherina leyó en voz alta un pequeño poema en una versión distorsionada y olvidada de latín. Sus ojos se tornaron rojos, la habitación comenzó a temblar y un aro de fuego apareció frente a ella. Del portal salió un único ser, los cuernos rozaban el techo de la estancia, su cuerpo era un amasijo de músculos más negros que el azabache y en cada mano empuñaba una espada flamígera. No tenía ropa ni tampoco se podía decir que estuviera desnudo pues tal era la oscuridad de su carne que apenas dejaba ver relieve alguno. El ser miró con unos ojos rojizos a la joven y ella, con una palabra en un idioma que por primera vez era pronunciado sobre la tierra, le dio una orden.

Cuando el sol se alzó la mañana siguiente toda la fortaleza era una prueba del inmenso poder que acababan de descubrir. El demonio llevaba en brazos a quien le había invocado quien apenas tenía fuerzas para tenerse en pie. Descendieron las escaleras del torreón sin encontrarse con nada reseñable. Pero cuando llegaron al patio la escena era muy distinta. Los hombres y mujeres supervivientes estaban recogiendo los cadáveres. Todo el patio estaba bañado de sangre, con cadáveres despedazados extendidos por todo el lugar. El demonio no se detuvo a contemplar su obra pues su invocadora le había pedido que la llevase afuera. Ahí estaban los restos ya recogidos y a su lado el único superviviente, un joven que no mostraba herida alguna. El demonio dejó suavemente a la mujer en el suelo que haciendo uso de toda la fuerza que le quedaba se irguió firme frente al tembloroso hombre.

Has de ir a ver a tu señor y advertirle de lo que aquí ha ocurrido —dijo con el tono más amenazante que pudo—. Mucho habéis acosado a nuestra comunidad. Si se vuelve a ejecutar o torturar a cualquier practicante de brujería la ira de los siete infiernos caerá sobre los hombres.

El joven se fue lo más rápido que pudo. La mujer se rindió al agotamiento y se desplomó en el suelo. En cuanto la consciencia la abandonó el demonio comenzó a desvanecerse, como si solo estuviera hecho de humo.

Durante mucho tiempo y en distintas culturas se habían perseguido las artes oscuras sin que estas existiesen. Un grupo de mujeres y hombres decidió remediar aquello y como no tenían fuerza para defenderse optaron por darles la razón a quienes les perseguían. Nunca había existido en el mundo nada sobrenatural. No hay ningún resto arqueológico que sugiera la existencia de demonios antes de aquella batalla. Los demonios fueron creados entonces, no todas las clases, pero sí como idea real y material. Puede que el mismo infierno, que es su hogar, también se crease entonces, igual se creó el idioma satánico que se usa para invocar y controlarlos. Hubo intentos de emular aquello en el otro sentido, pero ningún ángel apareció.

Han pasado cinco siglos desde aquella batalla, que solo fue la primera. Las enseñanzas oscuras se repartieron por el mundo y se usaron para todo tipo de fines. Muchas especies de demonios fueron surgiendo, definiéndose y muchos actos se cometieron gracias ellos. Las guerras y los conflictos cambiaron. Ya no luchaban humanos, al menos no directamente.

Mucho se han estudiado estos seres sobrenaturales, espirituales. No son sólidos salvo que el motivo de su existencia lo requiera. La duración de su vida está atada a la consciencia de su invocador por lo que ninguno está demasiado tiempo en este mundo. Nunca se les ha oído pronunciar palabra alguna, ni siquiera en el idioma con el que se les invoca y su voluntad está totalmente ligada a la del brujo.

Los demonios son parte fundamental de nuestra sociedad. Para cualquier menester que necesites, invocas un pequeño demonio que lo hará encantado. Para construir, para reparar, para conducir, para cientos y miles de oficios los demonios están ahí. La sociedad está completamente sustentada en su existencia, su efectividad y su nula voluntad. Hay sectores que braman por hacer un cambio en la sociedad. La tecnología ha evolucionado paralelamente pudiendo hacer, en muchos casos, lo mismo que cualquier demonio. Los defensores de este cambio afirman que es lo más justo y ético, que no se puede depender de otros seres vivos de una manera tal cruel. Pero son pocos o al menos lo eran.

El primer ataque ocurrió en el dos mil dieciocho y nadie le dio importancia. Mucha gente comete errores al invocar a un demonio, pero ese no había sido el caso. A lo largo de los siguientes meses los ataques se iban repitiendo y hubo gente que empezó a alertar de que no eran meros errores de la brujería. A primeros de dos mil veinte todo se desató por completo.

El mundo creado tras la segunda gran guerra había sido pacífico, ilustrado, próspero y frágil. Sustentado sobre los hombros de criaturas que se debatía si considerarlas vivas. Criaturas nacidas de la necesidad humana y que no eran más que nuestra voluntad encarnada. Los perfectos esclavos que usar indiscriminadamente. Y entonces descubrimos que los demonios tenían otras ideas, otros pensamientos y sobre todo otros tiempos. Aquel primer demonio guerrero que se manifestó para salvar las brujas sigue siendo invocado a día de hoy. Hemos tardado mucho en aprender que para ellos solo ha pasado un tercio de sus vidas cuando nosotros llevamos cientos de generaciones. Puede que las primeras veces que te pidan ayuda los prestes de buena gana, pero tras miles y miles de ocasiones uno se cansa y estalla.

La invocación es un ritual que fuerza al demonio, quiera o no, a manifestarse en nuestro mundo, ata su voluntad a la de la bruja, pero hay un instante, unas fracciones en las que su mente aún está en la libertad de su origen. Los demonios comenzaron a entrar en nuestro mundo atacando a quien les invocaba, aprovechando que los portales aparecen siempre a cincuenta centímetros del invocador. Al morir el brujo el demonio desaparecía, regresaba a su plano hasta que de nuevo lo invocase algún pobre incauto.

Escribo esto mientras mi conciencia aún aguanta. Estamos a treinta y uno de agosto de dos mil veinte uno y el mundo se ha venido abajo. Desde hace más de un año se ha instado a la población a no usar demonios salvo que fuera necesario y siempre bajo una protección especial, invocando en grupo para reforzar el lazo. Los gobiernos se endeudaron al invertir en tecnología no demoniaca y el mundo se paralizó por completo. Pero siempre hay negacionistas de la realidad y gente que piensa que nunca les va a ocurrir a ellos con lo que el número de muertes nunca dejó de aumentar. Y luego están los insensatos como yo que creen que pueden parlamentar con un demonio.

Es pequeño, de apenas treinta centímetros, su figura es negra como una noche sin luna ni estrellas. Tiene unas orejas puntiagudas y unos pequeños cuernos entre ambas. Sus extremidades son delgadas como palillos y terminan en afiladas garras. Muy afiladas. Me estoy desangrando y lo más gracioso es que no soy yo quien escribe lo que ahora lees sino el propio demonio quien, atado a mi voluntad, teclea en el ordenador lo que le dicto.

Me equivoqué al invocarlo solo, creí que siendo un demonio de tan bajo nivel no tendría dificultades en dominarlo. Pero fue muy rápido, preciso, limpio y directo. Me desangro, estoy en una casa en la montaña, nadie cerca para ayudarme y los demonios de esta clase no pueden curar. Pero he tomado una decisión, volveré a abrir el portal e invocaré a otro como él. Aún tengo fuerzas para uno pequeño. Haré que el primero lo frene hasta que quede bajo mi control y le ordenaré me lleve a través del portal. Sé que no seré el primero en cruzar al inferno y sé que nadie ha vuelto jamás, pero espero mantener el lazo lo suficiente para que el demonio escriba lo que esté al otro lado.

Ya está aquí el otro demonio, de momento me ha salido todo bien. Me está arrastrando, con no demasiado cuidado, al portal. Notó calor. Mis pies ya han cruzado, al otro lado esta frío, el calor procede del portal. Huelo a azufre, quizá no se pueda respirar ahí dentro, cogeré una bocanada de aire.

Ya he cruzado, el mundo no se aleja mucho del nuestro, estoy en un campo con algo que parecen árboles. La flora es muy extraña, pero ni el cielo ni la tierra son rojos, ni hay llamas rodeándome. Como infierno deja mucho que desear. El demonio que me trajo me mira y me sonríe, soy capaz de reconocer sus rasgos, tiene la piel grisácea y ropa. Señala a mis piernas y lanzo un grito que libera el aire que estaba reteniendo. Mis piernas. No puede ser. Se están volviendo negras, tan negras como el azabache, como la noche sin luna, todo mi cuerpo lo hace. Oigo una voz en mi mente que se vuelve mi propia voz, mi propio pensamiento. El demonio, mi amo, sonríe. La herida no se ha curado, moriré aquí. Me permite terminar de escribir. Dejo esta carta para quien pueda leerla, que sepa, aunque sea levemente, la historia de mi mundo, de cómo usamos a sabios y hermosos seres como esclavos en nuestro beneficio.

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