miércoles, 6 de marzo de 2024

Dama en apuros

 Sus gritos de auxilio recorren mi cabeza. Mi dama me necesita y yo estoy lejos de poder salvarla.
 Comienzo a correr sin descanso. Mi cabeza me tortura con escenas desesperantes. Veo a mi doncella perder la luz de su mirada. La veo agonizar con aquella voz aguda que le sale en momentos de nerviosismo. La veo abandonando todos aquellos artes que me enamoran de ella. Deja sus pinturas por falta de energía. El cansancio y el pánico se encargan de silenciar sus cuerdas vocales. Pienso que no me podrá volver a cantar aquella canción que me despierta cada mañana y me entran ganas de llorar. Pero soy fuerte y me impongo al dolor. Me impongo a aquellas imágenes que tratan de menguar mi animo. Llegare a tiempo, la salvaré, me digo a mi mismo. Y si no… No quiero pensarlo, perdería una parte de mi vida.
Así que corro, esquivo a las gentes que no parecen entender, ni ver mi urgencia. Me arriesgo a pasar entre las bestias que ocupan el lugar. Todo para tratar de llegar a la cuadra y coger mi caballo. El bulto de mi espalda parece pesar varias toneladas cuando a cada zancada me golpea. Lamento de no haber sabido tratar mejor a mi dama, aquella que sigue gritando tan cerca y a la vez tan lejos de mi.
 Llego a la cuadra antes de que se marche el último mozo. Convertido en un saco de sudor colocó la carga en las alforjas de mi montura y me subo a ella tras pagar por su servicio al joven. Este me responde con una mal gesto. He sido brusco y descotes, no entiende la urgencia que siento.
 Un nuevo lamento de mi amada se clava en mi cabeza, un nuevo grito agudo y desesperado de socorro. Aguanta, solo un poco más, le digo, pero no me oye, no puede.
El camino no es muy largo pero cada metro es un condena para mi. Es mal momento para los viajes rápidos cientos de comerciantes con sus grandes carretas entran y salen de la ciudad a la vez. Poco a poco consigo hacerme con un hueco. Mi caballo es grande y eso resta maniobra, me lamento de nuevo y pienso que no voy a llegar. Pero por fin tomamos el camino principal. Por fin puedo correr al galope. Esquivo los viajeros que van más lento que yo, algunos tratan de increparme, pero no los oigo, solo pienso en mi objetivo.
Mi dama se apaga lentamente, lo noto, ya no canta, ya no pinta, su luz le abandona, solo tiene fuerzas para quejarse. Y como si me leyese el pensamiento me envía un nuevo quejido.
 Tengo que parar a tomar aliento y que mi montura beba un poco de agua y aquellos minutos me desesperan. Hasta los quejidos son más suaves ahora. Cuando reanudo la marcha siento que le queda poco de vida a mi dama. Corro todo lo que puedo exprimiendo al máximo mi montura.
 Cuando veo mi destino asomar por el horizonte un escalofrío me recorre el cuerpo, llegaré. Me bajo del caballo y corro a mi hogar donde curaré a mi amor.
 Entró por la puerta y no me molesto en saludar a mi madre. Asciendo por la torre saltando los escalones de dos en dos.
 La habitación esta oscura y no tengo tiempo ni para iluminarla así que uso la escasa luz de mi dama, arriesgando el 2% de batería que le queda para encontrar el cargador y así, al fin, salvarla.

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