lunes, 28 de noviembre de 2022

Reflexiones perdidas.

 —¿A qué has venido un día como hoy a un lugar como este? —me pregunta el imaginario desconocido que se sienta junto a mí.
—¿Un día como hoy? Eso es subjetivo, para mí tiene una pátina gris de tristeza, pero sin llegar a desmerecerlo. El sol se cuela entre las nubes y hay mucho viento. Puede que para otra persona sea un día bueno tras una semana de lluvia. Me quedo con el viento. Viento que mueve el mar que veo frente a mí. Este mar que es todo el mar y toda el agua, golpeando una y otra vez la dura y tozuda roca con la certeza de quien sabe que logrará su objetivo.
>>Me preguntas a qué he venido, tú que solo eres una voz imaginada en mi mente. Pues no lo sé. Vine a ver el mar, a que el viento me diese en la cara. Vine a un lugar, al que seguramente no sepa volver, para alejarme de mi vida. Vine a ver esas ruinas frente a mí, aisladas en un pequeño islote. Antaño sería una cabaña o cualquier construcción similar. Ahora apenas es un rectángulo formado por bajos muros de piedra gris. Poco más resistentes que los muros de escombros con los que me he reconstruido todas las veces que perdí en mi lucha interna.
>>¿A qué he venido? Eso me pregunto yo. Un día que no es de playa, a sentarme en un merendero cuya hierba está sin segar. Simplemente, a alejarme de mi vida, igual que hice años atrás. En aquella otra ocasión, en otro punto al que tampoco sabría volver, en un sitio solitario frente a este mismo mar, había ido con otra intención. Alejarme totalmente de la vida. Saltar al vacío y desaparecer. Aunque supongo que en verdad fui a buscar un motivo para no hacerlo.
—Y lo hallaste.
—Por eso estoy aquí. Ahora sé que no volveré a estar en ese mismo punto, tengo muchos motivos para seguir viviendo. Pero eso no hace que la existencia sea más sencilla, que la continua lucha contra mi saboteador interno sea menos dolorosa. Por eso vengo a un punto indeterminado de la costa, a alejarme de mi vida, a sentarme a solas con el mar, a imaginar voces que le den volumen a mi diálogo interno.
>>Vengo a tratar de sacar provecho de mis miserias. De todas las erróneas decisiones que cometí, algunas siendo consciente de ellas. Vengo porque deseo que algo ocurra. Que por arte de magia se produzca un leve cambio en mi vida. Pero sobre todo vengo en búsqueda de lo que no tengo, la fuerza para realizar tal cambio. No se le puede dejar la iniciativa a la vida. Porque ella no la va a tener.  
El imaginario desconocido no sabe qué responder y yo tampoco. Simplemente, guardó mi libreta y sigo mirando el mar golpeando la persistente roca. Pensando en mi lucha constante entre lo que soy y quien quiero ser. No hallaré ninguna respuesta hoy. Me despido del desconocido que, como si fuese real, se queda observando el mar un rato más. Yo deshago el camino y regreso a mi vida.

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